Después de la huelga

Siguiendo con el tema de la reforma universitaria, ayer vivimos una jornada de huelga general en la Universidad para protestar contra los recortes en la enseñanza. En el caso concreto de la Universidad las protestas se dirigieron sobre todo hacia la subida de las tasas universitarias, el aumento de la dedicación docente a los profesores sin sexenios (complementos por realizar investigación) y los recortes en los presupuestos de becas e investigación. Yo no participé en la huelga por una serie de razones. No porque crea que no hay motivos para protestar, que los hay, y muchos. No porque defienda la actuación del gobierno de España en este tema, que ha sido precipitada, poco calculada y mal explicada. Sino porque creo que las huelgas en la universidad tienen rasgos peculiares. La tradicional huelga en la mina o en la fábrica busca parar la producción, perjudicando los intereses de la empresa. Los trabajadores que van a la huelga están dispuestos a sacrificar su salario para conseguir sus reivindicaciones. La huelga ha sido históricamente un arma fundamental para mejorar las condiciones de trabajo y luchar contra la explotación y la injusticia. Pero la huelga que vivimos ayer en la universidad es otra cosa. Seamos realistas, no se ha perjudicado ningún interés. No hemos parado la producción de titulados. Los alumnos no han perdido nada. Los profesores no vamos a ver descontado nuestro salario porque hasta donde yo conozco no ha habido ningún control acerca de quién ha hecho huelga y quien ha trabajado. Una huelga deja de serlo si se convierte en un día de vacaciones (pagadas).

Luego están las contradicciones. Se acusa al gobierno de subir brutalmente las tasas académicas, cuando lo que ha hecho es autorizar a las comunidades autónomas a hacerlo. Se le acusa de “privatizar” la universidad, de reservar la universidad para los ricos, de aplicar una medida “ideológica”. Los que afirman esto no tardarán en ver cómo es el gobierno de izquierdas de la Junta de Andalucía quien aplica la subida de las tasas académicas. Por cierto, es curioso ver a tantos entusiastas del plan Bolonia que se mesan los cabellos con la subida de las tasas, cuando Bolonia era y es, sobre todo, un plan de comercialización de la enseñanza universitaria. Ya lo dije, en este mismo blog, hace un año. ¿Dónde estaban entonces los que ahora protestan?

También se acusa al gobierno de bloquear el acceso a la investigación a los profesores que no tienen sexenios aumentándoles las tareas docentes, y se ignora que en la universidad hay profesores que no han investigado nunca y no han tenido el menor problema. En cuanto a los recortes al presupuesto de investigación, estos fueron drásticos ya con el gobierno anterior, y las únicas protestas que se escucharon entonces fueron las de los propios investigadores. Aquí quedó también recogido. Y está el recorte en las becas. Esto sí me parece intolerable. Las becas son la base del principio de igualdad de oportunidades, que junto al principio de igualdad de derechos debe ser lo más sagrado e intocable. Si hay que gastar menos, se gasta menos. Pero que nadie que pueda y quiera estudiar se quede sin hacerlo por falta de medios económicos.

La huelga deja una sensación triste. No se trata de que una huelga no solucione nada. A veces hay que hacer gestos que no sirven de nada. Hay que dejar constancia de la frustración. Pero se constata una realidad lamentable y oscura. Nuestra dificultad en asumir que somos un país empobrecido que tiene que pagar cuentas pendientes. Un gobierno con recursos limitados que embiste y dispara medidas sin discutirlas con las universidades y sin calcular las consecuencias. Unas universidades que han relajado su nivel de autoexigencia y en las que es posible para algunos enseñar sin hacer demasiado esfuerzo, no contribuir al avance del conocimiento y vegetar sin encontrar problemas. Y estudiantes que tendrán que abandonar por falta de recursos económicos. Vaya panorama.

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La reforma universitaria que se nos viene encima

Hoy le toca a la reforma universitaria. Y me temo que esta entrada no va a ser corta. Que quede claro, creo que una reforma es necesaria. Otro tema es que todo se quede en “¿recuerdas aquella reforma del 2012, una más, que no consiguió mejorar nada?”. El punto de partida del Gobierno, para impulsar la reforma, es la constatación de que hay problemas. En concreto, dice el Gobierno que ninguna universidad española está entre las 150 mejores del mundo, que hay un 30% de abandono universitario, casi el doble de la media europea (16%), y que solo un tercio de los universitarios españoles termina sus estudios sin repetir curso. Estos datos significan, a juicio del ministro, que “estamos tirando más de 3.000 millones de euros“.

Es cierto que las universidades españolas no se ven muy favorecidas en los rankings que distintas instituciones publican cada año. También es cierto que los criterios que se aplican en dichos rankings pueden sonar muy, muy lejanos (p.e. número de premios Nobel miembros de la Universidad, número de ex-alumnos que han ganado el premio Nobel…). Luego está lo del abandono universitario. El ministro sabe perfectamente, como lo sabemos todos, que una parte sustancial de dicho abandono se debe a que la Selectividad permite la entrada en la Universidad de estudiantes que no están suficientemente preparados para el nivel de exigencia que encuentran, estudiantes que en muchos casos acuden a la universidad  porque simplemente no hay una alternativa aceptable y socialmente prestigiosa. Comparen las cifras de abandono en primer curso y a partir de ese primer curso que se ha convertido en la “auténtica” Selectividad. Pero lo más llamativo es esa cifra de 3.000 millones de euros que cuestan los “malos estudiantes” que abandonan o repiten curso. Es inconcebible que se proporcione un titular sin ninguna justificación, y que este se repita en los medios sin que nadie se pare a pensar cómo el repetir curso origina semejante derroche de dinero. Todos los cursos tienen repetidores y alumnos de primera matrícula, pero el coste del curso es el mismo, haya más o menos repetidores. Otro tema es que si todos aprobaran a la primera, el número total de estudiantes disminuiría, con lo que sobrarían profesores. Igual son sus sueldos el “dinero que estamos tirando”. Pero como se trata de funcionarios, tampoco se puede hacer un ERE para reducir personal y costes. En todo caso, quien está tirando el dinero es la familia que paga una matrícula tras otra, más que la Universidad.

Otra afirmación del ministro es que una alta proporción del profesorado no investiga o genera conocimiento (lo cual es cierto), que hay un exceso de oferta de títulos (uno recuerda perfectamente cuando se nos decía desde el Ministerio exactamente lo contrario y se alentó la creación de nuevos títulos), y que en España hay un exceso de universidades, lo cual es cierto sólo en parte. En España hay 50  universidades públicas, frente a las 61 de Italia, 81 de Francia, 88 de Alemania o las 124 del Reino Unido.

Las primeras medidas han sido contundentes, se ha elevado la dedicación desde las 240 horas de clases presenciales actuales a 360 horas a aquellos profesores que no tienen un sexenio (complemento salarial por investigación, que se solicita cada seis años). Y se ha reducido desde 240 a 160 horas a aquellos que demuestran seguir una carrera investigadora por tener 3 (titulares) o 4 (catedráticos) sexenios. Y también se ha decretado una fuerte subida de las tasas por matriculación, especialmente para los repetidores.

Por cierto que la redacción del decreto de medidas urgentes en el ámbito educativo es temible. Intenten leer esto y llegar al final sin entrar en hipoxia o sin que se les levante dolor de cabeza:

“Se trata, en definitiva, de introducir importantes elementos de racionalidad y eficiencia en el sistema educativo, que redundarán en una mejor prestación de este servicio público indispensable. Y se hace a través de medidas encaminadas a la consecución del equilibrio presupuestario, lo que guarda relación con su naturaleza básica, y que legitiman la intervención del Estado como titular de la competencia exclusiva para sentar las bases y coordinar la planificación general de la actividad económica (artículo 149.1.13.ª de la Constitución), según consolidada doctrina del Tribunal Constitucional, competencia en este caso convergente con los títulos competenciales recogidos en las reglas 1.ª, 18.ª y 30.ª del mismo artículo 149.1 de la Constitución, en cuanto constituyen bases del régimen estatutario de los funcionarios públicos o disposiciones básicas que garantizan la igualdad en las condiciones básicas del ejercicio de los derechos y libertades reconocidos en el artículo 27 de la Constitución.”

Aunque sin criticar la prosa ministerial, la reacción de los rectores ha sido contundente. En un comunicado, la Conferencia de Rectores ha acordado: “Rechazar de forma rotunda el procedimiento seguido por el Ministerio [...] en el que medidas de vital importancia en el funcionamiento y gestión de las universidades,[...] han sido conocidas a través de los medios de comunicación y de su publicación en el BOE”. No les falta razón. Pero sí les falta autocrítica. En el mismo comunicado los Rectores afirman “Rechazar categóricamente los argumentos defendidos por el Ministerio que apuntan al insuficiente trabajo de profesores y estudiantes” y concluyen con su ” voluntad de colaborar en el estudio de las reformas necesarias que permitan que el sistema universitario español mantenga un desempeño comparable al de los mejores sistemas universitarios en el mundo“. Aquí está el problema. La autocomplacencia. No podemos mantener lo que no tenemos. Y es cierto que globalmente considerado, el trabajo de profesores y estudiantes es insuficiente. Negarlo es impedir la solución.

El Ministerio anuncia que estas medidas no son la reforma, que esta nos caerá encima cuando el comité de expertos nombrado al efecto emita su informe. Veremos, y criticaremos entonces si es necesario. Mientras tanto me permito echar al fuego del debate la leña de algunas ideas que supongo que no llegarán al comité de expertos pero ahí quedan:

1) Supresión de la selectividad, sustitución por una prueba estatal al final del bachillerato y selección de los estudiantes por parte de los centros universitarios. Aquí acabaríamos con buena parte del “fracaso universitario” y si fuera verdad, que no lo es, acabaríamos con el derroche de esos 3.000 millones de euros que estamos tirando. Fíjense qué fácil.

2) Antes de tasas universitarias, hablemos primero de becas. Nadie, repito, nadie debe quedarse sin cursar estudios universitarios por falta de recursos económicos. En segundo lugar hablemos de los costes de los estudios. Con una ligereza sorprendente se habla de que los estudiantes pagan el 15% del coste de sus estudios cuando nadie ha calculado todavía cuál es dicho coste. Porque no podemos imputar en el coste el presupuesto total de la universidad. Los estudiantes no tienen por qué pagar los costes de la investigación, por ejemplo, o de muchas superestructuras burocráticas. A partir de que sepamos qué cuesta realmente una carrera universitaria (mucho menos de lo que se dice), habrá que pagar unos porcentajes razonables, y crecientes para los repetidores, sin duda.

3) Redimensionar los departamentos y las áreas de conocimiento. La universidad anglosajona que se nos pone como ejemplo tiene departamentos que coinciden con muchas de nuestras facultades (Departamento de Química, Departamento de Económicas…). Los departamentos españoles proceden del reciclaje democrático de las antiguas cátedras, construidas alrededor de la figura del catedrático. Pero la organización en Departamentos, aparte de permitir pequeños reinos de taifas universitarios origina conflictos (competencia por asignaturas, endogamia) y contradicciones. ¿Cómo es posible que los sistemas de garantía de calidad de la docencia dependan de los Centros cuando la organización de la docencia es responsabilidad de los Departamentos?

4) Hay que basar la evaluación de la calidad docente en resultados, más que en procesos. La evaluación de la calidad docente ha degenerado en una burocratización desesperante, con procesos de verificación, acreditación, evaluaciones de calidad, etc. que implican la cumplimentación de montañas de formularios de acuerdo con modelos preestablecidos por agencias estatales y autonómicas de evaluación, modelos más que discutibles. La única forma real de valorar la calidad de una docencia es mediante la evaluación externa de los estudiantes. No me refiero a exámenes de conocimientos, pero sí a que nuestros estudiantes sean capaces de enfrentarse a problemas relacionados con su especialidad, y encontrar soluciones. Esto se puede y se debe evaluar por comités externos.

5) Rendición de cuentas. De acuerdo, los profesores somos funcionarios y no se nos puede despedir. Pero salvo que queramos cambiar el sistema, es necesario que exista un proceso de rendición de cuentas obligatorio, no voluntario como el de los sexenios. Y que esto tenga efectos económicos. Si usted ha hecho lo mínimo (que actualmente consiste en dar unas clases a la semana, de forma más o menos rutinaria y repetitiva años tras año, dejar apuntes en la reprografía y examinar a fin de curso) usted cobrará lo mínimo. Y viceversa.

6) Apoyo a la innovación en la enseñanza desde la base y sin adoctrinamientos pedagógicos. Ya está bien de que se nos diga que hay una “pedagogía Bolonia”. Tenemos que mejorar la calidad de la enseñanza universitaria, sin duda, pero eso no consiste en la aplicación de una plantilla preestablecida por unos “expertos”, sino en el esfuerzo, la dedicación y la experiencia de cada uno. Por eso debemos ser evaluados en cuanto a nuestros resultados y no en cuanto a nuestro ajuste a un modelo establecido.

7) Reducción de la burocracia. Por favor, que se ponga de moda en el mundo anglosajón el “minimalismo burocrático” para que corramos a imitarlo aquí.  La tendencia hasta ahora ha sido crear órganos que han tenido que crear su función, muchas veces a base de dar trabajo a los demás. Menos reunionitis, menos comités, menos encuestas de satisfacción, menos cargos buscando de qué encargarse, menos aparato, menos escaparate. Lo que queda, al final, es lo que hacemos los individuos de la clase de tropa cuando nos dejan tiempo para ello.

8) Apoyo a la investigación. Esto quiere decir dar tiempo para pensar, para crear, para trabajar. Facilitar las condiciones de trabajo. Evitar que el director de un grupo de investigación termine siendo un burócrata dedicado a escribir informes, hacer pedidos, fichas de inventario, contabilidad, etc.

9) Recuperación de la Bolonia original. Bolonia originalmente es un sistema para promover y facilitar la movilidad. Después de que ciertos pedagogos se hayan apoderado de la “marca Bolonia” para sus experimentos, sigo escuchando a alumnos que renuncian a una estancia en el extranjero porque no se les reconoce los créditos que harían fuera de su universidad.

10) Captación de nuevos “clientes”. Debemos olvidarnos de que nuestro cliente fundamental es el chico o la chica que ha terminado el Bachillerato. Debemos ofrecer desde la Universidad atractivos de formación para profesionales, para desempleados, para mayores, para todos. Y debemos facilitar esta formación (sí, dando clases por la tarde para los que trabajan por la mañana, agilizando el sistema de títulos, saliendo a buscar clientes, etc.).

En fin, esperaremos y veremos lo que pasa.

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Fin del paréntesis

Dice la canción de Silvio Rodríguez:

“Y cómo pasa el tiempo, que de pronto son años…”

No han pasado años desde mi última entrada, pero sí unos meses en los que lo urgente se ha terminado por imponer sobre lo importante. Unos meses en los que han pasado muchas cosas, mucha agua bajo los puentes y muchos cambios de dirección del viento. Si en entradas pasadas repartimos estopa a unos dirigentes políticos que, adictos del escaparate y la grandilocuencia, metieron al país en un agujero, en esta nueva temporada tocará el turno a los que parecen haber tomado el relevo para seguir cavando. De todo esto, y particularmente de los cambios que se anuncian para la universidad, seguiré hablando desde mi tonel. Por ejemplo, de la subida de tasas universitarias, en las que se maneja con desenvoltura una cifra del porcentaje de costes de la enseñanza cubiertos por las tasas sin que nadie tenga idea de cuál es el coste real de la enseñanza. ¿Se han parado a pensar los que hablan de quinces y veinticincos por cientos de que hay una parte en la universidad que investiga? ¿De que los alumnos no tienen por qué pagar con las tasas ese tiempo dedicado a la investigación, y que hasta ahora nadie se ha molestado en calcular? Si la reforma (que es necesaria) de la universidad española empieza por la subida de tasas, mal empieza. Empecemos por evitar que en la Universidad la “dedicación exclusiva” pueda significar impartir de forma cansina y rutinaria unas horas de clase a la semana. En la universidad hay docentes, investigadores y personal administrativo y de servicios que trabajan mucho y bien. Pero también los hay que no cumplen y el problema es que fallan los mecanismos para impedir que esto suceda. No me digan que la urgencia es subir las tasas académicas. La urgencia es subir la productividad académica y científica. Impedir y castigar la mediocridad. Y hablando de mediocridad, no se pierdan la entrada del blog de David Jiménez hablando del tema. Ahora bien, no nos podemos quedar la constatación de que hay mediocres en este país. A por ellos. O-é.

 

 

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Las palabras inútiles del banco naranja

¿Han escuchado la campaña de publicidad de ING Direct sobre la supresión de comisiones en sus cuentas? Esta vez los del freshbanking se han pasado siete estaciones a la hora de llamar la atención. Ellos consideran que “comisiones” es una palabra inútil, y por tanto debe ir a parar al cesto de las palabras inútiles. Y ya de paso condenan a dicho cesto otras palabras supuestamente inútiles como por ejemplo, “equinodermo”, “carbúnculo”, “escotoma”, “mayéutica” o “inane”. De piedra berroqueña se queda uno. Para empezar es dudoso que “comisiones” sea una palabra inútil, a juzgar por el uso y el abuso que han hecho de ella ciertos políticos. Pero decidir que otras palabras no sirven para nada dice mucho de donde está el nivel de algunos publicistas.

Los médicos tendrían mucho que decir ante la supuesta inutilidad de “escotoma”, palabra que usan para designar un deterioro visual o auditivo. Mi espíritu de biólogo se indigna ante la condena de la palabra “plastrón” (pobres tortugas, si las priváramos de esta parte de su caparazón) y sobre todo “equinodermo”. Los freshbankers ignoran por supuesto que se trata de un grupo muy numeroso de especies marinas (unas 6000 descritas) al que pertenecen los erizos y las estrellas de mar. Ignoran más todavía que estos animales están emparentados con los vertebrados, y que su anatomía es una de las más fascinantes de todo el Reino Animal. Pero este desprecio a la Naturaleza es casi perdonable comparado con el desprecio al pensamiento y a su historia. La mayéutica es la técnica (que Platón atribuye a Sócrates) de interrogar a nuestro interlocutor para suscitar su interés, para obligarle a discurrir, razonar y obtener nuevos conocimientos. La mayéutica intenta provocar el descubrimiento de la propia sabiduría, que se encontraría latente en la conciencia. Según Platón, en El Banquete, el filósofo se comportaría, con sus preguntas y razonamientos, en el partero que ayuda al alumbramiento de la verdad. Esta misma metáfora aparece en otro diálogo de Platón, el Teeteto. La mayéutica tiene importantes implicaciones en el mundo de la educación, como puede imaginarse. Un mundo que parecen no haber aprovechado demasiado los de la cuenta naranja y sus publicistas. Estos son los que hablan de la necesidad de “desaprender”. Han predicado con el ejemplo.

Vivimos tiempos extraños, donde al parecer las palabras útiles son, por ejemplo, “piscinazo” o “subidón”. Tiempos donde escuchamos que un equipo “ha sabido leer un partido”, lo que no es de extrañar dado que “juegan un papel” importante en la liga. Días en los que un banco se permite la gracieta de condenar a la papelera, por inútiles, a la mayéutica o los equinodermos. ¿Por qué no “sabiduría”, “vocación”, “reflexión”, “autodisciplina”…?

Vivimos tiempos inanes (absurdos, vacíos, sin sentido, fútiles…) ¿Ven como esta palabra es tan hermosa como útil?

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Pulseras que se caen, y tomate para la próstata

Pues sí, la empresa fabricante de las pulseras milagrosas Power Balance ha presentado suspensión de pagos ante la millonaria indemnización impuesta por los tribunales estadounidenses. Es lamentable, sorprendente e irritante que haya tenido que ser la ultraliberal sociedad norteamericana la que ha cortado de raíz semejante estafa, mientras que la administración española, tan saturada de funcionarios que velan por nuestro bienestar, haya permitido la publicidad engañosa. Sin mencionar que la propia Ministra de Sanidad no se haya recatado en lucir, se supone que desinteresadamente, la dichosa pulsera. Allá la conciencia de cada uno, si la tiene.

Pero lo importante ahora no es hacer leña de la pulsera caída, sino afilar el hacha para el inmenso bosque de espabilados que están viviendo de los productos milagro y de la publicidad engañosa. Hemos recogido en este blog otros casos. Hay mucho donde escoger, pero hoy vamos a hablar del Aceisterol, un nuevo compuesto hecho a base de… Aceite de oliva y tomate. Lo que sucede es que en lugar de en forma de rica ensalada, como sería natural, estos elementos se nos presentan envasados en forma de complemento alimenticio al que se le atribuyen excelentes propiedades, dada la asociación del ácido oleico con una sustancia antioxidante presente en el tomate y llamada “licopeno”. Entre las propiedades de esta “ensalada deconstruida” se citan dos, la reducción del colesterol “malo”, el LDL-colesterol, y una disminución del riesgo de cáncer de próstata.

Lo que está fuera de toda discusión es lo saludable de la dieta mediterránea. Comer a base de legumbres, verduras, hortalizas frescas y frutas es, junto con el ejercicio físico y la actividad mental, la mejor forma de trabajar por nuestra salud. Por esto mismo no se explica que haya quien nos quiera convencer, con argumentos torticeros, de que necesitamos gastar nuestro dinero en “complementos alimenticios”, productos que no benefician más, en el mejor de los casos, que una dieta saludable. En el caso del Aceisterol, ¿cuál es la evidencia científica que aportan los mismos fabricantes? Un par de paneles presentados en congresos, uno de los cuales admite que el estudio está financiado por la misma empresa y otro que reconoce expresamente que después del tratamiento: “Tanto en el colesterol total como en la LDL-c no se observó ningún cambio significativo. Cuando se determinó los niveles de HDL-c se observó un aumento significativo (p<0,005) en los individuos que tomaron aceite de oliva sin/con licopeno respecto a su control“. Sí se observó un efecto antioxidante, algo poco sorprendente después de 30 días tomando dosis masivas de antioxidantes. Pero unas evidencias muy débiles para sostener que el producto “previene enfermedades cardiovasculares”.

Y en cuanto a la presunta prevención del cáncer de próstata, que es la novedad de este producto y la llamativa base de su publicidad, aquí tienen la conclusión alcanzada por el más reciente meta-análisis sobre el tema (la revisión de los análisis realizados por distintos grupos a nivel mundial): There is insufficient evidence to either support, or refute, the use of lycopene for the prevention of prostate cancer. O sea, que mucho cuidado con hacer afirmaciones basadas sólo en los estudios que concluyen lo que nos interesa.

No es malo consumir complementos alimenticios pero: 1) no es mejor que alimentarse de forma sana y 2) no sustituye a una alimentación saludable. Se puede dar incluso la situación paradójica del que, con la conciencia absuelta por el consumo de “complementos alimenticios” saludables, se entrega con frenesí al culto a la hamburguesa, la chacina o el marisco. Esto ha sucedido con algunos medicamentos para bajar el colesterol, cuyos resultados eran contraproducentes al relajar la disciplina que debían observar los pacientes en la dieta.

En resumen, autoridades de consumo, gánense sus sueldos de una vez controlando la publicidad engañosa. Que hay mucho pensionista que no le llega, y tiene que elegir entre la ensalada y el complemento alimenticio.

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Lynn Margulis (1938-2011). Recuerdo emocionado para una mujer formidable

El pasado día 22 de noviembre falleció Lynn Margulis. La noticia ha tenido poca repercusión en los medios, más preocupados, al parecer, por delgadeces principescas, declaraciones cansinas de entrenadores atrabiliarios y otros importantes temas de la actualidad. Y estamos hablando de una de las figuras cumbres de la Biología contemporánea, no sólo por sus aportaciones científicas sino, y por esto la traigo hoy a este blog, como ejemplo de actitud desafiante y crítica hacia lo establecido.

Lynn Margulis nació en Chicago, ciudad donde estudió ciencias naturales, y se doctoró en Berkeley en 1963. Tres años después, cuando tenía 28 años y había comenzado a trabajar en la Universidad de Boston, escribió un artículo sobre un posible origen de las células eucarióticas, es decir, las que constituyen a todos los seres vivos si exceptuamos a las bacterias. El artículo fue rechazado por más de una docena de revistas, hasta que fue publicado finalmente en Journal of Theoretical Biology, donde la autora figura con su apellido de casada, Lynn Sagan, ya que había contraido matrimonio con el genial astrónomo Carl Sagan. El artículo proponía una explicación acerca del origen de las células eucariotas, es decir, las que forman todos los seres vivos exceptuando a las bacterias. Las células eucariotas se habrían formado por la asociación (simbiosis) de diferentes tipos de bacterias. Unas, especializadas en el metabolismo aeróbico, formarían las mitocondrias, es decir, las centrales energéticas de la célula. Otras, capaces de hacer fotosíntesis, serían el origen de los cloroplastos, presentes en las plantas. La hipótesis era totalmente revolucionaria, a la vez que sencilla y elegante, pero fue masivamente rechazada en aquella época. Margulis, demostrando una tenacidad y un coraje excepcional, mantuvo su idea frente a sus críticos y, por no alargarnos, diremos que en la actualidad la teoría endosimbiótica se encuentra plenamente aceptada y experimentalmente respaldada.

Una de las principales dificultades de este modelo para muchos es que se alejaba del marco del neodarwinismo clásico, de la evolución gradual, dirigida por la selección natural. La teoría endosimbiótica convertía un acontecimiento evolutivo trascendental en un fenómeno espontáneo y contingente. Margulis siempre adoptó una posición crítica hacia el neo-darwinismo, y en especial hacia la selección natural como mecanismo fundamental de la evolución. Para ella la simbiosis y el intercambio genético podían ser mecanismos como mínimo tan importantes para la evolución como los establecidos por las teorías evolutivas clásicas. Ella no dudó en avanzar un paso más y poner de manifiesto la trastienda ideológica del principio de ” supervivencia de los más aptos”, la visión sesgada de una naturaleza cuyo progreso evolutivo depende de una continua competitividad entre individuos. Frente a ello opuso siempre la visión de una evolución azarosa, causada por acontecimientos, bruscos, aleatorios, imprevisibles y sin dirección, en los que la colaboración simbiótica podría ser más importante que la competencia. Una visión del proceso evolutivo que va ganando terreno en el ámbito biológico, aunque fuera de él todavía impere la idea de que la selección natural es el único motor que alimenta a la evolución biológica.

El pensamiento de Lynn Margulis se caracterizó por lo que ella denominaba “escepticismo crítico”, una versión científica de la exhortación de Carlos Marx “Dudar de todo, criticar todo lo existente” tan ignorado por  doctrinarios de toda clase y condición, marxistas incluidos (gracias, Adolfo Sánchez Vázquez, por recordarnos esto). En una época donde la palabra “modelo” está tan devaluada, Lynn Margulis es en mi opinión un modelo excelente para los jóvenes investigadores. De ella aprenderán, además de la tenacidad y la audacia especulativa, que los dogmas quizá funcionen en las religiones, pero no tienen sitio en la ciencia.

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A Els Joglars. Gracias por todo.

Hoy no toca repartir estopa. Hoy toca traer, a nuestra “Galería de cínicos” a este admirable grupo de cómicos que tan bien interpretan en el teatro de nuestros días el papel del cínico. Ya nos deslumbraron hace años con su Retablo de las Maravillas, la siempre actual fábula del traje nuevo del emperador. La esencia del cinismo es precisamente denunciar tanto a los emperadores que se pasean desnudos como a los que compiten por alabar la riqueza y el fasto de sus vestiduras. Y el pasado fin de semana tuve la suerte de asistir a una de las últimas representaciones de “El Nacional”, el musical estrenado en 1993 y que ha sido actualizado y adaptado a los tiempos que corren. Impresionante, emocionante, conmovedor encuentro del cinismo con el arte, la música, la ópera, los restos del naufragio después de la “hecatombe”. Puro teatro, que como proclama mi admirado tocayo Fontseré, es la auténtica verdad, mientras que la vida es la mentira. Cuando no hay palabras lo mejor es ser breve y callar. Gracias por estar ahí, Joglars, sobre el escenario, y gracias por enseñarnos que existe un camino.

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