Productos milagro ¿todo vale?

Por empezar por el ojo propio, y no por el ajeno, vamos a hablar hoy de un tema en el que está implicada mi propia universidad. La universidad, para muchos de nosotros, es ese familiar al que en ocasiones estrangularíamos, aunque en el fondo sintamos por él un cierto cariño y le deseemos lo mejor. Somos conscientes de hasta dónde puede llegar, de las limitaciones que tiene, y nos molesta que no dé de sí todo lo que podría dar. Pienso dedicar una parte de estas entradas a dirigir mi mirada cínica hacia mi propia universidad, a la que he dedicado ya treinta años de vida profesional. Treinta años… Somos como un viejo matrimonio de gruñones, que se conocen en todos sus defectos, pero que no pueden vivir ya separados…

Pues bien, hace poco escuché en la radio este anuncio, que probablemente habrán oido también ustedes. Decía (y dice en el momento de escribir esto) algo así como “el 50% de los mayores de 50 años tienen problemas de memoria. Un estudio de la Universidad de Málaga demuestra que el producto Mente Activa ayuda a frenar la pérdida de memoria en los mayores de 50 años”. Me sentí muy interesado, primero por pertenecer a la categoría de los que están amenazados por pérdidas de memoria, y segundo porque mi universidad hubiera participado en un estudio que iba a contribuir a frenar dicho problema social y personal.

Mi sorpresa fue grande cuando leí el mencionado estudio, que no ha sido publicado en ninguna revista científica, sino que está disponible en la web (pueden descargarlo aquí). Comprobé así que la investigación se había hecho… en ratas de laboratorio. Por resumirles la cuestión sin alargarme mucho, el producto consiste en un lípido presente en la lecitina de soja, adicionado con aceite de pescado, vitaminas y algunas cosas más. Se comercializa como complemento alimenticio al precio de unos 41 euros. Este producto fue administrado a ratas viejas a las que se sometió a una prueba consistente en encontrar la salida a un laberinto. Las ratas que recibieron el producto durante seis meses dieron resultados mejores en el test que los que no lo recibieron. En principio esto parece positivo para el producto en cuestión, pero se me plantean una serie de cuestiones. En primer lugar, la referencia al “estudio” está insertada entre dos frases que se refieren a los problemas de memoria en humanos. Esto sugiere que el “estudio” estaría hecho en humanos, que sería la única forma en que quedaría realmente “demostrado” que el producto tiene efectos beneficiosos sobre la memoria humana. Es bien conocido que los estudios realizados en modelos animales no necesariamente son extrapolables a humanos. En los ratones el cáncer ha sido curado por distintas vías, pero ninguna de ellas ha funcionado al aplicarlas a humanos.

Por otro lado, ¿Qué es lo que realmente pone de manifiesto el estudio? ¿El beneficio de un suplemento alimenticio o un defecto en la alimentación estándar de las ratas de laboratorio? Las ratas se alimentan con pienso, y es perfectamente posible que determinadas carencias causen problemas de memoria que son remediados con el suplemento alimenticio. En el caso de que las ratas tuvieran una alimentación sana, rica en elementos naturales, equilibrada, ¿el suplemento hubiera tenido efecto? ¿Significa este estudio que el suplemento ayudaría a frenar la pérdida de memoria… en humanos alimentados con pienso?

No quisiera quedarme en la anécdota, sino criticar la categoría. Esto es sólo una pequeña muestra de algo muy generalizado, la comercialización de productos que prometen beneficios terapéuticos y están más o menos respaldados por “estudios científicos”. El propio Consejo Superior de Investigaciones Científicas respalda con su prestigio un producto, el Revidox, del que se dice que “reduce nuestro estrés oxidativo” y “protege y mejora nuestra salud cardiovascular a muchos niveles”; eso sí, si además hacemos deporte y mantenemos una dieta saludable. Dudo mucho que haga falta algo más que deporte y dieta saludable para mejorar la salud cardiovascular, incluso a “muchos niveles”.

Tenemos en el mercado docenas de productos que pretenden mejorar la memoria, frenar el envejecimiento, reducir el colesterol o la tensión, eliminar toxinas o luchar contra los malditos radicales libres… Ninguno de ellos ha pasado por los rigurosos ensayos clínicos que tienen que pasar los medicamentos, gracias a que son comercializados como “complementos dietéticos”, algo que no exige hacer ensayos en humanos. El problema surge cuando se sugiere un beneficio para la salud, se dirige el mensaje hacia un sector de la población especialmente sensible a estos temas (los mayores) y se les saca los 40 ó 45 euros al mes que estarían mejor invertidos en cuidar su alimentación. Como dije antes, una alimentación natural y equilibrada, combinada con ejercicio y vida sana, hace innecesario cualquier tipo de complemento.

Sé que el actual becerro de oro es el liberalismo económico. Sagrada libertad para vender y sagrada libertad para comprar. Pero, ¿es aceptable que un pensionista, temeroso del deterioro de su salud, sea convencido con medias verdades de que un producto milagroso va a frenar ese deterioro? ¿Realmente vale todo en esta selva?

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Acerca de desdemitonel

Biólogo, profesor en la Universidad de Málaga
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