El lenguaje no es sexista

Después de haber hablado en la entrada anterior de mujeres que contribuyeron de forma importante a la Biología del siglo XX y que por distintas razones no han sido reconocidas como se merecieron, toca ahora hacer algún comentario crítico sobre estas cuestiones que se han dado en llamar “de género”. Es indiscutible que las mujeres han estado históricamente discriminadas, y que han trabajado duro y siguen trabajando en contra de esa discriminación. Salvo para algunos ámbitos de la vida, ser hombre o mujer debería ser irrelevante. Salvo para dichos ámbitos deberíamos ver sólo a las “personas”, y el género debería ser tan poco significativo como el color de la piel o las creencias.

Precisamente porque creo firmemente en las “personas” por encima de cualquier otra condición, no puedo entender el pseudoproblema que se ha creado alrededor del “lenguaje sexista”. No entiendo, por poner un ejemplo, que un sindicato mayoritario haga circular un mensaje con la siguiente frase:

La educación es un elemento indispensable para alcanzar la igualdad entre mujeres y hombres y el principal camino hacia la inserción profesional de calidad. En este sentido, es necesario construir y normalizar un lenguaje no sexista para todas y todos manteniendo la máxima claridad y legibilidad, que contribuirá a transmitir valores y conductas de igualdad.

¿Es necesario construir un lenguaje para acabar con una discriminación? ¿Es el lenguaje el que transmite valores por sí mismo o son las personas con su ejemplo? ¿Fue necesario eliminar del diccionario la palabra “esclavo” para acabar con la esclavitud? ¿Hubiera sido suficiente?

Dirigir las justas reclamaciones de las mujeres hacia el lenguaje me parece la manifestación de uno de los peores vicios contemporáneos, la confusión de los medios y los fines. Da pereza explicar lo evidente, pero ¿no sigue siendo inaceptable esta frase, enunciada en un puro e ideal lenguaje no sexista para todas y todos?:

Cariño, sé que tienes una reunión con tus jefas y jefes, pero vas a tener que llevar a nuestras hijas e hijos a la médica o al médico, ya que he quedado con mis compañeras y compañeros de trabajo para tomar una cerveza.

El disparate llega al máximo cuando el presunto lenguaje no sexista se convierte en un magma ilegible, y el que opta por no utilizarlo se ve obligado a justificarse, descubriendo el Mediterráneo. He aquí un párrafo extraido de un documento oficial de la Junta de Andalucía:

Teniendo en cuenta, de una lado, el Real Decreto 1393/2007 de 29 de octubre (BOE del 30), por el que se establece la ordenación de las enseñanzas universitarias oficiales, modificado por el RD 861/2010, de 2 de julio (BOE del 3), y de otro, la Ley 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres (BOE 23/3/2007), así como de la Ley 12/2007, de 26 de noviembre, para la promoción de la igualdad de género en Andalucía (BOJA 18 diciembre 2007), toda referencia a personas, colectivos, cargos académicos, etc. cuyo género sea masculino, estará haciendo referencia, al género gramatical neutro, incluyendo, por tanto, la posibilidad de referirse tanto a mujeres como hombres.

Lástima que no pongan el mismo empeño en poner las comas en su sitio que en explicar lo evidente (y explicarlo mal, por cierto).

En el fondo de todo esto hay un error, la confusión entre el género gramatical y el género biológico. Aunque pueda sorprender, la mayoría de las lenguas del mundo no tienen distinción de género para el sustantivo, a diferencia de lo que ocurre con las indoeuropeas. Por supuesto, los que utilizan lenguas sin distinción de género gramatical han discriminado históricamente a las mujeres con el mismo entusiasmo que los pertenecientes a nuestra cultura. El género gramatical no es la causa de la discriminación, ni su supresión o modificación va a llevar a suprimir las discriminaciones que aún permanecen en nuestra cultura. Por otro lado, cuando el objetivo último debería ser contemplar a la “persona”, sin ver en ella al hombre o la mujer, el blanco o el negro, el gitano o el payo, el ateo o el cristiano… ¿Tiene sentido violentar el lenguaje para insistir en la diferencia de género? ¿No es más sexista remachar la diferencia, hablando de “todos y todas”?

El problema, como señala Luis Racionero en un excelente artículo es convertir este tipo de temas en causas sustitutivas de las grandes causas que históricamente han triunfado (protección social, libertad sindical, democracia, etc.) o han fracasado (propiedad colectiva de los medios del producción, abolición del capitalismo). La pulsión por parecer “progre” se expresa en estas válvulas de escape, cuando existen en realidad muchas cosas que cambiar, muchas causas auténticas. ¿Ejemplos? Desde el reparto de tareas dentro de las casas, que es el auténtico campo de batalla en la discriminación hacia las mujeres, hasta, como señala Luis Racionero, aplicar a todos los órdenes de la vida el Small is Beautiful de Schumacher. Pero ¡cuidado! Eso sí sería ir contra el orden establecido…

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Acerca de desdemitonel

Biólogo, profesor en la Universidad de Málaga
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3 respuestas a El lenguaje no es sexista

  1. Aristóteles decía que la mejor definición de “especie” era por el “genero próximo” y la “diferencia específica”, Así “hombre”(especie humana) = “animal”(género próximo) y “racional” (diferencia específica). El bruto = animal irracional.

    Las palabras sí tienen “género”: LA (femenino) mesa, EL (masculino) ordenador, LO (neutro) justo.

    Los animales tienen “sexo”, son machos o hembras y en el cado de las personas somos varones o mujeres.

    Tan “hombre” (especie humana) es la “mujer” como el “varón”.
    Hablar de la “discriminación de género” es una barbaridad, debe decirse “discriminación de sexo” o “discriminación sexual”.

    Tengo escrito mucho en blogdetomasmorales, así como en http://www.tomasmorales.es

    Saludos
    Tomás

  2. Estoy de acuerdo en que el llamado lenguaje sexista es un absurdo. Entiendo que se puede usar el lenguaje de manera sexista, claro que sí, se pueden decir muchas cosas… pero también que el lenguaje tiene sus propios principios, como el de economía, y que es un absurdo ir multiplicando palabras (señores y señoras, niños y niñas, chicos y chicas) y que eso no tiene nada que ver con el sexismo.
    Un saludo,
    Manme.

  3. Pingback: La magia (negra) de las palabras | Desde mi tonel

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