¿Nuclear? ¡No, gracias!

¡Ah, que nostalgia tan grande, los años de chapita y pegatina, del “¿nuclear?, no gracias”, de las charlas que algunos dábamos sobre lo nefasta que era la energía nuclear! Y, de repente, un trágico terremoto en Japón lleva a “reabrir el debate sobre la energía nuclear”…

La catástrofe de Japón, que en lo tocante a la energía nuclear va a tener consecuencias que no sabemos todavía, ha atemorizado a muchas personas pero sobre todo parece haber asustado a los que trabajan por mejorar la imagen de la energía nuclear. Esta mañana me he desayunado con los comentarios de Carlos Herrera, firme defensor de la energía nuclear, que ha arremetido contra los demagogos oportunistas que claman desaforadamente contra las nucleares. La verdad es que la mayor parte de las declaraciones que he podido encontrar hoy van exactamente en sentido contrario. La presidenta del Foro Nuclear Español, organismo dedicado según su  propia web a la noble tarea de velar “por la integración y coordinación de los intereses de las empresas españolas relacionadas con los usos pacíficos de la energía nuclear”, ha afirmado que lo que ha demostrado el terremoto japonés es, precisamente… ¡La seguridad de las centrales nucleares! Por cierto que el locutor que se escandaliza de la demagogia de los demás afirma que de la central de Fukushima se está liberando tanta radiactividad… Como la de una radiografía. Se ha pasado, señor Herrera.

Hablando del Foro Nuclear Español, ¿Saben quiénes son sus socios? Aquí van algunos de ellos: Berkeley Minera España, Central Nuclear Almaraz, Central Nuclear Ascó, Central Nuclear Cofrentes, Central Nuclear Trillo, Central Nuclear, Vandellós II, Endesa, Gas Natural SDG, General Electric International, Iberdrola, UNESA (Asociación Española de la Industria Eléctrica), Westinghouse Electric Spain, Westinghouse Technology Services… En una palabra, las centrales nucleares, sus fabricantes y explotadores.

¿Puede haber “debate” sobre energía nuclear, cuando el poder de persuasión combinado de estas empresas está actuando sobre los medios de comunicación? Aquí no hay debate, sólo hay intereses económicos por una parte, miedo por otra, y muy pocos argumentos.

Pero a lo que vamos, mi visión cínica de la energía nuclear. No voy a utilizar el argumento del terremoto, ni hablar de consecuencias apocalípticas. Incluso en los tiempos gloriosos de la chapita siempre defendí que el tema nuclear era sobre todo económico y político. Económico, porque la supuesta rentabilidad de lo nuclear, sus beneficios económicos se basan en una masiva socialización de sus costes. ¿Quién vende a la central nuclear el combustible? Una empresa pública, ENUSA. ¿Quién trasporta el combustible nuclear? Una empresa pública, ETSA. Y sobre todo, ¿quién recoge, gestiona, almacena y vigila los residuos nucleares, incluida la propia central nuclear una vez cerrada, por los siglos de los siglos? Lo han adivinado… Una empresa pública, ENRESA. En una palabra, los contribuyentes que también pagan el recibo de la luz. Los beneficios de la producción de electricidad están en manos privadas, mientras que todas las actividades incómodas, peligrosas y deficitarias están en manos públicas. Es curioso lo que se critica a las subvenciones a las energías renovables mientras se calla pudorosamente sobre los costes ocultos del negocio nuclear.

Y la energía nuclear es una cuestión política, porque implica una decisión trascendental sobre un modelo de desarrollo, de producción y de consumo de energía. Un modelo que implica una apuesta a muy largo plazo, ya que estamos comprometiendo a las generaciones futuras para que convivan con los residuos nucleares que estamos produciendo ahora. El debate, si lo hubiera, tendría que tratar sobre cuánta energía eléctrica necesitamos realmente, cómo podríamos ahorrarla, y a qué estaríamos dispuestos a renunciar para obtenerla. Esto sería un debate democrático, que podría resultar en decisiones como la que en su momento se tomó en Alemania, de cierre gradual de todas las centrales. Pero estas cuestiones quedan distorsionadas cuando el interés económico no es ahorrar, sino  consumir, cuando el criterio de elección es la rentabilidad (falsa, como antes dije) y no la racionalidad.

No nos engañemos, después de Fukushima habrá ruido y no debate, habrá confusión y humo (por ejemplo, los nucleares abrazados a la bandera ecologista de la lucha contra el cambio climático, líderes de opinión predicando la necesidad de lo nuclear…), habrá intensas campañas de concienciación ciudadana y habrá más y más centrales nucleares, porque estas decisiones se toman, pero no se discuten democráticamente. Como tantas otras…

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Acerca de desdemitonel

Biólogo, profesor en la Universidad de Málaga
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