¡Indignaos!…

Hasta el cínico de corazón más empedernido llega a sentir una emoción especial cuando ve a jóvenes y menos jóvenes manifiestando estos días en plazas y calles de nuestro país su malestar y su descontento. Cuando pensábamos que nuestro testigo iba a ser entregado a una generación pasota y despreocupada nos encontramos que al menos una parte de ella es capaz de pensar, criticar, sentarse en el suelo de la calle y decir que NO. Que no se creen los cuentos oficiales, que no están por la labor de seguir manteniendo parásitos y que quieren cambios. Y los quieren YA. Muchos de ellos habrán leido el manifiesto de Stéphane Hessel: Indignaos, con su excelente prólogo de José Luis Sampedro. A los que no, me permito recomendárselo. En efecto, en la sociedad de la opulencia hay motivos para la indignación, y nuestro deber es denunciarlos.

Estos días también hemos asistido a patéticos esfuerzos por parte de los grandes partidos políticos por apuntarse el tanto del descontento, un descontento que ellos precisamente han contribuido a generar. Esto me parece muy relevante, porque es un reconocimiento implícito de que lo que está pasando no es un tema de unos cuantos miles de descontentos, hippies y jovencitos antisistema. Eso, electoralmente, sería irrelevante. Cuando los partidos políticos quieren ponerse a la cabeza de la manifestación, es porque saben que se puede estar gestando algo realmente importante. Sólo el tiempo lo dirá.

Por otro lado se ha escuchado a expertos y analistas decir que los indignados no tienen propuestas claras.  Esto es una trampa, en mi opinión. Creo que no es necesario, para denunciar una situación, plantear propuestas concretas. Lo primero es decir, alto y claro, que las cosas no funcionan, y que deben ser cambiadas. Y entre ese nivel de la crítica y el nivel de las propuestas concretas (p.e. nacionalizar la banca) existe a mi juicio otro nivel, mucho más importante. El de los VALORES. La revolución no está en la aplicación de propuestas económicas o políticas. La revolución consiste en un cambio generalizado en los valores. Las propuestas, luego, caerán por su propio peso. ¿Quieren ejemplos de valores que podríamos ir considerando? Aquí van algunos, para empezar:

– Menos es más. Lo sencillo, antes que lo complicado. Lo pausado, antes que lo apresurado. Lo pequeño es hermoso.

– Ser y saber, mejor que tener. Conocimiento, mejor que información. Las redes antes que las jerarquías.

– Colaboración, antes que competitividad. El placer de compartir por encima del placer de poseer.

– Los derechos humanos siempre por encima de las tradiciones, las culturas y las religiones. Nuestra condición humana, con la dignidad que ello implica, ante todo lo demás.

– La verdad, por encima de la falsedad. Hay que gritar ¡el emperador está desnudo!, incluso aunque los demás digan admirar sus ropajes.

– La acción por encima de la retórica. El lenguaje claro y directo.

– La violencia nunca. La buena voluntad y el sentido común siempre.

¿Es ingenuo, irrealista, utópico, incompatible con el moderno espíritu liberal y capitalista? Sin duda. Pero es que estos días, en nuestras plazas, se está hablando de revolución…

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Acerca de desdemitonel

Biólogo, profesor en la Universidad de Málaga
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Una respuesta a ¡Indignaos!…

  1. La democracia es un producto humano y, como todo lo humano, siempre será imperfecto y, por eso, siempre manifiestamente mejorable.
    El futuro que divisa esta juventud, bien preparada, es muy negro, porque no ven futuro a corto plazo.
    No piden, pues, una Democracia Real (más o menos imperfecta), sino IDEAL (perfecta) y, además, la quieren YA.
    Concuerdo con sus objetivos, que tendrán que ser negociados. El problema es el método, la manera democrática de llegar.
    Deberían disolverse YA, (por su bien), levantar la concentración. Todos se han enterado de lo que piden. Muchísima gente ha simpatizado con ellos. Pero alargarlo cansa y puede encontrar hartazgo.
    Deberían hacer dos cosas: elegir a líderes que los representen y hacer un calendario de concentraciones.
    De lo contrario, se disipará como el humo.

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