Islandia: la revolución que vino del frío.

“La crisis de Islandia es la típica historia de una burbuja, y se ha debido a que se han olvidado los verdaderos valores y se ha tendido al despilfarro y a subirse a la ola del consumismo. Camino que no hay que volver a tomar para evitar nuevas crisis como esta en el futuro” (Kristinn R. Ólafsson, corresponsal en España de Radio Nacional de Islandia)

Entre que no parece interesar mucho sepamos estas cosas y el ruido de acontecimientos tan históricos como la preñez de Belén-no-sé cuántos, o la metafísica trascendente del fútbol, el caso es que no nos enteramos de lo que está pasando en Islandia. No sabemos lo que está pasando en la vieja Europa cuando a los ciudadanos se les hinchan los apéndices nasales y dicen hasta-aquí-hemos-llegado. Esto sucede en Islandia, tierra de hielo y fuego, y últimamente de tórridas emociones económicas y políticas.

¿Hay silenciamiento expreso del tema? Probablemente. El contraste entre las abundantes informaciones de protestas y manifestaciones en países como Siria, Egipto o Yemen, y la escasez de noticias de lo que sucede en Islandia, es como mínimo llamativo. Contrainformaremos, explicando brevemente qué es lo que pasa en este fascinante país.

En 2007 los islandeses disfrutaban del quinto puesto del ranking mundial en cuanto a renta per cápita. La política neoliberal imperante había reducido los impuestos, privatizado el sector público y limitado los controles sobre los bancos. Los tres principales bancos del país, libres de toda regulación, crecieron un 2000% en siete años mediante prácticas especulativas de alto riesgo (capitalismo de “casino”). Esto, junto con la política del Banco Central de altos tipos de interés y la entrada masiva de capitales generó una importante burbuja financiera (los detalles técnicos están perfectamente explicados en este blog). En octubre de 2008 la burbuja estalló, los tres principales bancos del país se hundieron y fueron nacionalizados. En pocas horas la corona islandesa se devaluó en un 50% y la bolsa perdió un 70% de su valor. La deuda externa de Islandia (pública y privada) triplicaba o cuadruplicaba el PIB. Y alguien tenía que pagarla. A principio de 2009 comenzaron las protestas. Los islandeses no podían entender por qué debían pagar las consecuencias de una mala política y una mala gestión empresarial. Las manifestaciones (algo insólito en aquella sociedad) se sucedieron y obligaron a dimitir al gobierno liberal y a convocar elecciones anticipadas. La oposición socialdemócrata se alió con la izquierda verde y ganó las elecciones. El nuevo gobierno elaboró una ley que proponía devolver en 15 años la deuda de 3500 millones de euros de Icesave, la filial exterior de uno de los bancos, a los acreedores (básicamente Holanda y el Reino Unido). Esto suponía que cada familia islandesa debía pagar, via impuestos, 40.000 euros en esos 15 años…

Siguieron las protestas, pidiendo que esa ley se sometiera a referéndum. En enero de 2010 el Presidente de la República Grimmsson se negó a ratificar la ley aprobada por el Parlamento. En marzo se realizó el referéndum y la ley fue rechazada por el 93% de los votantes. Un segundo referéndum, con una ley menos rigurosa para los contribuyentes, fue también negativo el pasado mes de abril. La consecuencia de esto ha sido el bloqueo de las ayudas por parte del FMI y el cese de las negociaciones para ingresar en la UE. No obstante, parece claro que la negativa a hacer frente a la deuda ha ayudado a la recuperación económica de Islandia. La postura de fuerza, y el no pertenecer a la zona euro, también está ayudando a renegociar la deuda con los acreedores y obtener ventajas.

Mientras tanto la gestión política y financiera de la crisis fue investigada. El ex-primer ministro Haarde (que va a ser procesado judicialmente) y el ex-gobernador del Banco Central Oddsson fueron acusados por una Comisión Parlamentaria de obrar con “extrema negligencia”. Varios ejecutivos y banqueros han sido detenidos y procesados, y se han emitido órdenes de busca y captura para los que habían huido del país, entre ellos el ex-presidente del parlamento Einarsson.

Y todo esto desencadenó un huracán político. En noviembre de 2010 se eligió a 31 ciudadanos sin filiación política entre 522 candidatos que se presentaron sin más condiciones que contar con el apoyo de 30 ciudadanos. Esta Asamblea Constituyente está redactando una nueva constitución. Entre ellos hay profesores, periodistas, empresarios, trabajadores, abogados… En la nueva Constitución se va a prestar especial atención a la libertad de expresión e información, que había sido sutilmente limitada por los gobiernos anteriores, especialmente en lo referente a la información económica. La iniciativa pretende hacer de Islandia un refugio seguro para el periodismo de investigación y la libertad de información.

¿Qué conclusiones podemos sacar? Si lo que está viviendo Islandia no puede considerarse una revolución en sentido estricto, sí que supone un vendaval de aire fresco para este mundo de pensamiento único en el que nos movemos. Los islandeses se han saltado las reglas, han conseguido torcer la voluntad de sus políticos y exigir responsabilidades a los ineptos, a los especuladores y a los corruptos. Han sido capaces de puentear a los partidos y encargar a ciudadanos independientes la redacción de una nueva constitución. Han expuesto a la luz las vergüenzas del neoliberalismo y han aplicado recetas heterodoxas, como dejar caer a la banca privada y no rescatarla con dinero público como sí ha hecho, por ejemplo, Irlanda. O negarse a pagar la deuda externa, obteniendo ventajas sobre los acreedores. En resumen, han tenido coraje, ideas claras y voluntad para cambiar las cosas. Y parece que les está funcionando.

Pero también es cierto que si esto ha sido posible es porque la población islandesa es de 330.000 habitantes, con un alto nivel cultural. ¿Se pueden hacer cosas como esta en un país de 40 millones de habitantes?

Y es lo que yo digo, lo pequeño es hermoso…

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Acerca de desdemitonel

Biólogo, profesor en la Universidad de Málaga
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3 respuestas a Islandia: la revolución que vino del frío.

  1. Que seamos 40 millones de habitantes no es el problema principal. Lo realmente causante de nuestra desgracia es el nivel cultural, cuando un Punset tiene menos seguidores que Belén Esteban, cuando la bragueta atrae la atención más que la inteligencia, cuando la única lectura atractiva, y no obligatoria, es el Marca (y te hablo de gran parte de los alumnos de Bachillerato).
    La educación y la cultura no son productivas a corto plazo. La enseñanza y la investigación no son objetivos prioritarios, en este país de mediocres.

    • desdemitonel dijo:

      Yo creo que las dos cosas son relevantes, el bajo nivel cultural y el factor de escala. Las comunidades pequeñas tienen menos inercia y reaccionan más rápida y eficientemente a los problemas. Lo que pasa es que debería ser más factible subir el nivel que reducir el tamaño. Si hubiera voluntad, claro…
      Esta misma mañana leía La mancha humana de Philip Roth. Y decía algo así como que antes, cuando un alumno no aprendía algo, era un problema del alumno. Ahora, cuando no aprende es un problema de la materia (que no es interesante y motivadora), del profesor (que no es suficientemente pedagógico), de los padres, de la televisión, de Internet y del universo entero que conspira contra su aprendizaje. ¿Cómo hemos podido desresponsabilizar tanto a nuestros alumnos?

  2. Pablo Marina dijo:

    Es cierto, aprender es responsabilidad del alumno, es su beneficio, su llave a crecer y mejorar como persona. Aunque tristemente “otra parte” de la ecuación, el profesor, tampoco anda especialmente motivado. No quiero generalizar en uno ni en otro término de la ecuación, pero es lo que veo. Conozco a muchos “profes”, demasiados, que responderian a la pregunta de: oye ¿como es tu trabajo?, con un emocionado: “¡pues la verdad es que se cobra bien, y tienes muchas vacaciones!”. La culpa no suele ser de uno solo.

    pablo

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