La magia (negra) de las palabras

Hoy es el día E, la fiesta de los que hablamos el español. Hoy es el día en que el Instituto Cervantes hace una votación popular para elegir la palabra favorita, y debería ser un buen día para reflexionar sobre la maravilla de ese barro primigenio que forman las palabras. Ese barro que podemos amasar para dar forma a la más hermosa de las frases. O al más preciso y contundente de los argumentos. O a un truño repelente.

Y es que en los últimos años se ha extendido como una moderna peste la mala costumbre de convertir la magia luminosa de las palabras en auténtica hechicería negra. De utilizar las palabras para expresar lo contrario de la realidad. Es más, de utilizar las palabras para disimular, esconder o contradecir la realidad. El que los políticos se hayan convertido en un problema en este país (y supongo que en otros también) no es tanto un problema de corrupción (que lo hay) como un problema de discurso. Que este gremio utilice las palabras con la ilusión, como mínimo ingenua, de que llamar repetidamente blanco a lo negro acabará por aclarar poco a poco la oscuridad. Y el problema es que esta mala costumbre termina permeando a toda la sociedad, que queda contaminada, hechizada por ese falso poder de las palabras. Y así llamamos “parque de protección animal” a las perreras, pensando que con eso ya no se sacrifica a ningún perrillo vagabundo. Hablamos continuamente de “sostenibilidad” para referirnos a todo aquello que no se sostiene, desde nuestro modelo productivo hasta nuestra dieta. Nos referimos a los jóvenes como la “generación más preparada de la historia” para disimular la auténtica catástrofe educativa y cultural a la que estamos asistiendo. Y cuidado con utilizar el “lenguaje sexista” al que me referí en una entrada anterior, independientemente de que lo dicho no contenga ni trazas de machismo.

Uno se acuerda con un escalofrío de la inquietante premonición de Orwell en su 1984. Un gobierno formado por tres ministerios: el Ministerio de la Paz (encargado de la guerra), el Ministerio de la Verdad (la manipulación informativa y el lavado de cerebro de la población) y el Ministerio del Amor (la represión implacable contra cualquier desviación).

Pero por citar un ejemplo más cercano al que suscribe. Me empalaga el continuo uso y abuso de la palabra “excelencia” en mi universidad. Hemos obtenido el proyecto del “Campus de Excelencia Internacional”. Los cursos de verano de la UMA llevarán este año como lema “Camino a la Excelencia”. Los Servicios Administrativos de la Universidad de Málaga obtienen el “Reconocimiento de Compromiso hacia la Excelencia Europea 200+” (paréntesis: ¿cómo es posible que estos vistosos sellos con puntos -que vemos aquí abajo- los proporcione un Club privado al que pertenecen las mismas empresas y entidades que se benefician con su obtención? Este es un tema a investigar…).

 

 

 

El problema está en confundir la realidad de cada día con las técnicas de marketing, como señala acertadamente mi colega Juan Antonio García Galindo en un reciente artículo. El problema está en un concepto de excelencia burocrático y puramente formalista. El problema está en que la Fundación Conocimiento y Desarrollo (patrocinada por los principales bancos y empresas españolas) publica su informe 2010 sobre la situación de la universidad española, y coloca a la de Málaga en la cola en cuanto a docencia y doctorado (en investigación no estamos tan mal). Sí, estos rankings son muy discutibles, pero ser farolillo rojo debería significar algo y hacernos reflexionar a todos, porque todos somos en parte responsables de esta situación. Nos debería animar a trabajar más y hablar un poco menos.

Ser excelentes es perfecto. Mucho mejor que ser buenos. Muchísimo mejor que ser mediocres. Pero no nos equivoquemos. Si sólo nos limitamos a repetirnos continuamente que somos excelentes no llegaremos a ser ni siquiera un poquito mejores.

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Acerca de desdemitonel

Biólogo, profesor en la Universidad de Málaga
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2 respuestas a La magia (negra) de las palabras

  1. Hay sólo dos maneras de sobresalir:
    La primera es esforzarse, luchar, superar obstáculos. insistir,ascender paso a paso, no cejar…
    La segunda es rodearse de gente más mediocre aún que él.
    Y no hay más.
    Pero cuando se cree, ingenuamente, en la magia de las palabras, como si por el hecho de decirlo ya existiera…
    ¡Así nos va¡
    Saludos
    Tomás

  2. Lois Sacuna dijo:

    Yo no soy Español, por ende no se si en la actualidad sea afortunado o desafortunado serlo, pero si soy Colombiano y si hay algo que en el pais del “sagrado corazon” falta es precisamente ¡cerebro!, pues hemos sido amaestrados a dar fe de la posicion del politico, de su partido, o simplemente de su corbata. Esto ya es un acto reflejo de nuestra mediocre moral, dar nombres elegantes a los actos mas abyectos del estado (como si los buenos modales fueran lo mismo que la decencia). Uno de estos es sin duda el de los “falsos positivos” que es el eufemico termino para las ejecuciones del gobierno por medio de lo que es ya, y desde hace mas tiempo que el de las ultimas REELECIONES, el sicariato legal, o el abalado por la constitucion de 1991. Comparen notas y por favor diganme si de verdad existe eso de “primer mundo” o seguimos siendo solo monos superdesarrollados que ocultan su real naturaleza.

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