Recomendaciones para la “vuelta al cole”

Es tiempo de volver a la escuela. Para los pequeños es tiempo de reencontrarse con los colegas, las tareas y los horarios. Para los mayores es momento de repensar qué narices estamos haciendo con su educación. El aumento del número de horas de dedicación de los profesores en algunas Comunidades ha creado una justificada polémica. Pero esto es sólo una parte, mínima,  del problema. La educación, primaria, secundaria y universitaria, es un desastre. No vale decir, como se ha oído estos días, que la medida de la Comunidad de Madrid va en contra de la calidad de la enseñanza pública. Porque esa calidad ya era cuestionable antes de la medida, a pesar de los esfuerzos, que nadie puede negar, de miles de profesores que hacen mucho más de lo que se les exige.

La enseñanza está fallando, a todos los niveles, por múltiples razones, y negar la evidencia es impedir que el problema tenga  alguna posibilidad de arreglo. Esto falla por el lado de unos administradores públicos, que como en el clásico chiste “no van a volver a la escuela” (en muchos casos, tampoco parece que aprovecharan mucho su paso por ella). Fallan los padres que delegan completamente en la escuela la tarea de educar a sus hijos, que para eso pagan sus impuestos. Fallan también los profesores a los que ha quemado el sistema (algo muy comprensible), o que siguen al pie de la letra las consignas oficiales y complacen a sus superiores a base de aplicar las modas de lo política y pedagógicamente correcto. Los que ingenuamente  piensan que si hubo una Guerra del Golfo no fue por causas geoestratégicas o económicas, sino porque Bush y Sadam Hussein no recibieron suficiente “educación para la paz” en sus escuelas. Los que creen que el machismo y  la violencia contra las mujeres no son una intolerable herencia cultural que debe ser condenada, sino consecuencia de la falta de suficientes actividades escolares sobre “cuestiones de género”. Y fallan también, no lo olvidemos, unos alumnos a los que hemos irresponsabilizado de sus deberes, les hemos liberado de los valores del esfuerzo, el rigor, la disciplina y la autoexigencia, les hemos eximido de su parte de responsabilidad en su propio aprendizaje. Unos alumnos que han aprendido la canción de que si no aprenden matemáticas no es culpa suya, sino de unos profesores que no saben hacer las ecuaciones tan divertidas como el Twitter o los juegos de la Playstation.

Sin embargo, las publicaciones educativas  oficiales rebosan de autocomplacencia y autobombo. Si quieren ver lo avanzado, europeo e inmejorable que es nuestro sistema educativo echen una ojeada, sin ir más lejos, a Andalucía Educativa, publicada por la Consejería del ramo, o a la prensa universitaria, financiada directa o indirectamente por las universidades. ¿Dónde está ese espíritu crítico que se supone debemos inculcar a nuestros alumnos? ¿Dónde están las iniciativas desde la base? ¿Dónde la resistencia a seguir doctrinas oficiales?

Por ello, en este comienzo del curso, me permito un par de sugerencias. La primera es la lectura del artículo que mi colega en la Universidad de Málaga, Fernando Wulff, ha publicado en El Observador apuntando a uno de los colectivos que tienen más responsabilidad en el naufragio: los pedagogos y su alianza con los responsables de la política educativa. Contundente, valiente y demoledor.  Léanlo, por favor.  

Y la segunda, una película emocionante, realista y dura sobre lo que es la vocación de enseñar, y las dificultades a las que se enfrenta. Hoy empieza todo, de Bertrand Tavernier. Una película que me conmueve y me provoca siempre la misma pregunta: ¿Dónde está la gran película española sobre la educación? Aquí nos hemos quedado en series televisivas de adolescentes banales y pasados de hormonas. Hoy empieza todo frente a Física y Química. Así nos va.

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Acerca de desdemitonel

Biólogo, profesor en la Universidad de Málaga
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2 respuestas a Recomendaciones para la “vuelta al cole”

  1. Mario Vargas dijo:

    Querido Ramón, nuevamente das en la tecla con tus recomendaciones para la vuelta al cole. El artículo de Fernando Wulff me ha parecido sensacional por su claridad, contundencia y valentía. No voy a repetirme en lo mucho que comparto con lo escrito por tí y por Fernado, primero porque ya está dicho y segundo porque lo habéis expresado mejor de lo que yo podría hacerlo.

    Me gusta que al enemigo externo lo identifiquéis con nombres y apellidos, más allá de perderos en la nebulosa de achacar los males de la enseñanza a un sistema hostíl y anónimo que habita en el castillo de Kafka. ¿Pero qué me decís de la complicidad silenciosa de nuestros colegas? ¿Acaso hemos perdido la capacidad crítica, el impulso contestatario ante lo que a todas luces es un dislate enjaezado con destrezas, habilidades y retazos de jerga por el estilo? Persistimos en lugar de enmendar la bazofia educativa con que alimentamos a nuestros alumnos, entre los que se encuentran nuestros propios hijos. Y lo digo por partida doble, como docente de la comunidad universitaria y como padre de uno de los muchos fracasados de la ESO. ¿Qué nos pasa? Ni siquiera me cabe el consuelo de pensar que estamos aborregados porque los dóciles lanudos huyen cuando perciben al lobo y, sin embargo, nosotros le hacemos la ola mientras devora a nuestros corderos.

    Sospechaba que lo de Bolonia estaba siendo una excusa para dar un par de vueltas más a la manipulación política de la Universidad. Después de un año en tierras británicas ni me atrevo a decir lo que pienso. Lo cierto es que lo que allí hacen no se parece en nada a lo que nosotros pretendemos imitar. El colmo del despropósito es que en lugar de convergencia con el resto de Europa agigantamos las divergencias. También me resulta curioso no haber escuchado en inglés la palabra excelencia, en comparación a las decenas de veces al día que aquí alegremente se pronuncia en español y otras lenguas del Estado.

    Hoy por primera vez un muchachote educado me ha cedido un asiento en el autobús. Agradezco el gesto pero me pesa reconocer por qué se ha producido. Al menos me recuerda que ya no tengo edad para comerme el mundo sino de preocuparme de dejar un pedazo para quienes vienen detrás. Hasta hace un tiempo mi contribución más importante era una enseñanza honesta, comprometida y exigente. Me ha costado muchos años saber cómo hacerlo razonablemente bien. Por el bien de mis alumnos, de nuestros hijos, no estoy dispuesto a que me manipulen y que la ceremonia de la confusión no solo tienda a igualar las capacidades de los estudiantes sino de los docentes. Sinceramente, estoy muy desmotivado a pesar de que la enseñanza universitaria me encanta. No es un contrasentido sino el fruto de una obsesión por la fachada (PROA, por ejemplo) en detrimento del habitáculo (lo que sucede dentro del aula).
    PROA, VERIFICA y realidad son hoy el misterio de la Trinidad Universitaria, tres manifestaciones distintas y una sola aplicación verdadera.

    ¿Nos lanzamos al ruedo o seguimos viendo y alentando pasivamente, desde la barrera, cómo las vaquillas revuelcan a nuestra juventud?

    • desdemitonel dijo:

      Sí señor, muy bien dicho Mario, muchas gracias por tu comentario a una entrada que debe mucho a la conversación que tuvimos sobre tu experiencia británica. En efecto, el problema es que hayamos perdido, colectivamente, la capacidad crítica. Ese es el caldo de cultivo donde está proliferando el fracaso del sistema. Y la única vacuna que conozco es que digamos lo que pensamos en todos los foros a los que tengamos acceso. Ánimo y adelante!

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