La reforma universitaria que se nos viene encima

Hoy le toca a la reforma universitaria. Y me temo que esta entrada no va a ser corta. Que quede claro, creo que una reforma es necesaria. Otro tema es que todo se quede en “¿recuerdas aquella reforma del 2012, una más, que no consiguió mejorar nada?”. El punto de partida del Gobierno, para impulsar la reforma, es la constatación de que hay problemas. En concreto, dice el Gobierno que ninguna universidad española está entre las 150 mejores del mundo, que hay un 30% de abandono universitario, casi el doble de la media europea (16%), y que solo un tercio de los universitarios españoles termina sus estudios sin repetir curso. Estos datos significan, a juicio del ministro, que “estamos tirando más de 3.000 millones de euros“.

Es cierto que las universidades españolas no se ven muy favorecidas en los rankings que distintas instituciones publican cada año. También es cierto que los criterios que se aplican en dichos rankings pueden sonar muy, muy lejanos (p.e. número de premios Nobel miembros de la Universidad, número de ex-alumnos que han ganado el premio Nobel…). Luego está lo del abandono universitario. El ministro sabe perfectamente, como lo sabemos todos, que una parte sustancial de dicho abandono se debe a que la Selectividad permite la entrada en la Universidad de estudiantes que no están suficientemente preparados para el nivel de exigencia que encuentran, estudiantes que en muchos casos acuden a la universidad  porque simplemente no hay una alternativa aceptable y socialmente prestigiosa. Comparen las cifras de abandono en primer curso y a partir de ese primer curso que se ha convertido en la “auténtica” Selectividad. Pero lo más llamativo es esa cifra de 3.000 millones de euros que cuestan los “malos estudiantes” que abandonan o repiten curso. Es inconcebible que se proporcione un titular sin ninguna justificación, y que este se repita en los medios sin que nadie se pare a pensar cómo el repetir curso origina semejante derroche de dinero. Todos los cursos tienen repetidores y alumnos de primera matrícula, pero el coste del curso es el mismo, haya más o menos repetidores. Otro tema es que si todos aprobaran a la primera, el número total de estudiantes disminuiría, con lo que sobrarían profesores. Igual son sus sueldos el “dinero que estamos tirando”. Pero como se trata de funcionarios, tampoco se puede hacer un ERE para reducir personal y costes. En todo caso, quien está tirando el dinero es la familia que paga una matrícula tras otra, más que la Universidad.

Otra afirmación del ministro es que una alta proporción del profesorado no investiga o genera conocimiento (lo cual es cierto), que hay un exceso de oferta de títulos (uno recuerda perfectamente cuando se nos decía desde el Ministerio exactamente lo contrario y se alentó la creación de nuevos títulos), y que en España hay un exceso de universidades, lo cual es cierto sólo en parte. En España hay 50  universidades públicas, frente a las 61 de Italia, 81 de Francia, 88 de Alemania o las 124 del Reino Unido.

Las primeras medidas han sido contundentes, se ha elevado la dedicación desde las 240 horas de clases presenciales actuales a 360 horas a aquellos profesores que no tienen un sexenio (complemento salarial por investigación, que se solicita cada seis años). Y se ha reducido desde 240 a 160 horas a aquellos que demuestran seguir una carrera investigadora por tener 3 (titulares) o 4 (catedráticos) sexenios. Y también se ha decretado una fuerte subida de las tasas por matriculación, especialmente para los repetidores.

Por cierto que la redacción del decreto de medidas urgentes en el ámbito educativo es temible. Intenten leer esto y llegar al final sin entrar en hipoxia o sin que se les levante dolor de cabeza:

“Se trata, en definitiva, de introducir importantes elementos de racionalidad y eficiencia en el sistema educativo, que redundarán en una mejor prestación de este servicio público indispensable. Y se hace a través de medidas encaminadas a la consecución del equilibrio presupuestario, lo que guarda relación con su naturaleza básica, y que legitiman la intervención del Estado como titular de la competencia exclusiva para sentar las bases y coordinar la planificación general de la actividad económica (artículo 149.1.13.ª de la Constitución), según consolidada doctrina del Tribunal Constitucional, competencia en este caso convergente con los títulos competenciales recogidos en las reglas 1.ª, 18.ª y 30.ª del mismo artículo 149.1 de la Constitución, en cuanto constituyen bases del régimen estatutario de los funcionarios públicos o disposiciones básicas que garantizan la igualdad en las condiciones básicas del ejercicio de los derechos y libertades reconocidos en el artículo 27 de la Constitución.”

Aunque sin criticar la prosa ministerial, la reacción de los rectores ha sido contundente. En un comunicado, la Conferencia de Rectores ha acordado: “Rechazar de forma rotunda el procedimiento seguido por el Ministerio […] en el que medidas de vital importancia en el funcionamiento y gestión de las universidades,[…] han sido conocidas a través de los medios de comunicación y de su publicación en el BOE”. No les falta razón. Pero sí les falta autocrítica. En el mismo comunicado los Rectores afirman “Rechazar categóricamente los argumentos defendidos por el Ministerio que apuntan al insuficiente trabajo de profesores y estudiantes” y concluyen con su ” voluntad de colaborar en el estudio de las reformas necesarias que permitan que el sistema universitario español mantenga un desempeño comparable al de los mejores sistemas universitarios en el mundo“. Aquí está el problema. La autocomplacencia. No podemos mantener lo que no tenemos. Y es cierto que globalmente considerado, el trabajo de profesores y estudiantes es insuficiente. Negarlo es impedir la solución.

El Ministerio anuncia que estas medidas no son la reforma, que esta nos caerá encima cuando el comité de expertos nombrado al efecto emita su informe. Veremos, y criticaremos entonces si es necesario. Mientras tanto me permito echar al fuego del debate la leña de algunas ideas que supongo que no llegarán al comité de expertos pero ahí quedan:

1) Supresión de la selectividad, sustitución por una prueba estatal al final del bachillerato y selección de los estudiantes por parte de los centros universitarios. Aquí acabaríamos con buena parte del “fracaso universitario” y si fuera verdad, que no lo es, acabaríamos con el derroche de esos 3.000 millones de euros que estamos tirando. Fíjense qué fácil.

2) Antes de tasas universitarias, hablemos primero de becas. Nadie, repito, nadie debe quedarse sin cursar estudios universitarios por falta de recursos económicos. En segundo lugar hablemos de los costes de los estudios. Con una ligereza sorprendente se habla de que los estudiantes pagan el 15% del coste de sus estudios cuando nadie ha calculado todavía cuál es dicho coste. Porque no podemos imputar en el coste el presupuesto total de la universidad. Los estudiantes no tienen por qué pagar los costes de la investigación, por ejemplo, o de muchas superestructuras burocráticas. A partir de que sepamos qué cuesta realmente una carrera universitaria (mucho menos de lo que se dice), habrá que pagar unos porcentajes razonables, y crecientes para los repetidores, sin duda.

3) Redimensionar los departamentos y las áreas de conocimiento. La universidad anglosajona que se nos pone como ejemplo tiene departamentos que coinciden con muchas de nuestras facultades (Departamento de Química, Departamento de Económicas…). Los departamentos españoles proceden del reciclaje democrático de las antiguas cátedras, construidas alrededor de la figura del catedrático. Pero la organización en Departamentos, aparte de permitir pequeños reinos de taifas universitarios origina conflictos (competencia por asignaturas, endogamia) y contradicciones. ¿Cómo es posible que los sistemas de garantía de calidad de la docencia dependan de los Centros cuando la organización de la docencia es responsabilidad de los Departamentos?

4) Hay que basar la evaluación de la calidad docente en resultados, más que en procesos. La evaluación de la calidad docente ha degenerado en una burocratización desesperante, con procesos de verificación, acreditación, evaluaciones de calidad, etc. que implican la cumplimentación de montañas de formularios de acuerdo con modelos preestablecidos por agencias estatales y autonómicas de evaluación, modelos más que discutibles. La única forma real de valorar la calidad de una docencia es mediante la evaluación externa de los estudiantes. No me refiero a exámenes de conocimientos, pero sí a que nuestros estudiantes sean capaces de enfrentarse a problemas relacionados con su especialidad, y encontrar soluciones. Esto se puede y se debe evaluar por comités externos.

5) Rendición de cuentas. De acuerdo, los profesores somos funcionarios y no se nos puede despedir. Pero salvo que queramos cambiar el sistema, es necesario que exista un proceso de rendición de cuentas obligatorio, no voluntario como el de los sexenios. Y que esto tenga efectos económicos. Si usted ha hecho lo mínimo (que actualmente consiste en dar unas clases a la semana, de forma más o menos rutinaria y repetitiva años tras año, dejar apuntes en la reprografía y examinar a fin de curso) usted cobrará lo mínimo. Y viceversa.

6) Apoyo a la innovación en la enseñanza desde la base y sin adoctrinamientos pedagógicos. Ya está bien de que se nos diga que hay una “pedagogía Bolonia”. Tenemos que mejorar la calidad de la enseñanza universitaria, sin duda, pero eso no consiste en la aplicación de una plantilla preestablecida por unos “expertos”, sino en el esfuerzo, la dedicación y la experiencia de cada uno. Por eso debemos ser evaluados en cuanto a nuestros resultados y no en cuanto a nuestro ajuste a un modelo establecido.

7) Reducción de la burocracia. Por favor, que se ponga de moda en el mundo anglosajón el “minimalismo burocrático” para que corramos a imitarlo aquí.  La tendencia hasta ahora ha sido crear órganos que han tenido que crear su función, muchas veces a base de dar trabajo a los demás. Menos reunionitis, menos comités, menos encuestas de satisfacción, menos cargos buscando de qué encargarse, menos aparato, menos escaparate. Lo que queda, al final, es lo que hacemos los individuos de la clase de tropa cuando nos dejan tiempo para ello.

8) Apoyo a la investigación. Esto quiere decir dar tiempo para pensar, para crear, para trabajar. Facilitar las condiciones de trabajo. Evitar que el director de un grupo de investigación termine siendo un burócrata dedicado a escribir informes, hacer pedidos, fichas de inventario, contabilidad, etc.

9) Recuperación de la Bolonia original. Bolonia originalmente es un sistema para promover y facilitar la movilidad. Después de que ciertos pedagogos se hayan apoderado de la “marca Bolonia” para sus experimentos, sigo escuchando a alumnos que renuncian a una estancia en el extranjero porque no se les reconoce los créditos que harían fuera de su universidad.

10) Captación de nuevos “clientes”. Debemos olvidarnos de que nuestro cliente fundamental es el chico o la chica que ha terminado el Bachillerato. Debemos ofrecer desde la Universidad atractivos de formación para profesionales, para desempleados, para mayores, para todos. Y debemos facilitar esta formación (sí, dando clases por la tarde para los que trabajan por la mañana, agilizando el sistema de títulos, saliendo a buscar clientes, etc.).

En fin, esperaremos y veremos lo que pasa.

Anuncios

Acerca de desdemitonel

Biólogo, profesor en la Universidad de Málaga
Esta entrada fue publicada en Cartas desde mi tonel, Ciencia, Enseñanza, Política, Universidad y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a La reforma universitaria que se nos viene encima

  1. Gracias por este acertado análisis y por tu propuesta de mejora.

  2. Antonio dijo:

    No estaría mal que algún político le echase un vistazo a sus propuestas. Selección del alumnado e investigación. Yo tuve que pasar un examen de ingreso al bachillerato más dos reválidas: una en cuarto de y otra en sexto. A la de cuarto creo que nos presentamos seis o siete cursos y el examen de reválida los redujo a un solo quinto. Ya le haré otrpo comentario .
    Saludos

  3. desdemitonel dijo:

    Gracias Antonio, tus comentarios son bienvenidos.

  4. Ángel Luis dijo:

    Todos los intentos de hacer una selectividad “selectiva”, en realidad no han servido históricamente para “seleccionar” nada. Se me ocurre una idea, aunque creo que no es nada nuevo, porque ya existió en los primeros años de la década de los setenta. Pongamos de nuevo el primer curso de carrera como Selectivo (que creo que así se llamaba). Un puñado de asignaturas diversas y de profesores diferentes evaluará en todo un curso la adecuación del nuevo alumno a los estudios que ha elegido. Conclusión, habrá primeros de carrera más masivos (más clientes, que ingresarán suculentos recursos económicos a la Universidad), pero a partir de segundo nos quedaría un adecuado “cribado” de los alumnos que verdaderamente son competentes y tienen interés real en sus estudios.
    Nota: por supuesto, a nuestros políticos educativos de turno habría que decirles que las estadísticas de abandono y/o éxito académico de los alumnos tendrían que recoger los datos desde el segundo curso, ya que la función del primero sería SELECCIONAR y dar una base académica suficiente, dada la pobre preparación con la que llegan estos pobres estudiantes, víctimas de un sistema educativo previo (ESO y Bachiller) que deja mucho que desear.

    • desdemitonel dijo:

      Exacto, pero la tendencia ha sido la contraria, acortar plazos y someter a los que acaban de llegar a la universidad a un esfuerzo para el que muchos no están preparados. Llegan en octubre y a finales de enero se enfrentan a cinco o seis exámenes finales (!). Por eso las cifras de ese supuesto “fracaso escolar” son engañosas y esconden el auténtico problema de la selectividad, que además condiciona la docencia del segundo curso de bachillerato, que se convierte en un curso para preparar la selectividad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s