Después de la huelga

Siguiendo con el tema de la reforma universitaria, ayer vivimos una jornada de huelga general en la Universidad para protestar contra los recortes en la enseñanza. En el caso concreto de la Universidad las protestas se dirigieron sobre todo hacia la subida de las tasas universitarias, el aumento de la dedicación docente a los profesores sin sexenios (complementos por realizar investigación) y los recortes en los presupuestos de becas e investigación. Yo no participé en la huelga por una serie de razones. No porque crea que no hay motivos para protestar, que los hay, y muchos. No porque defienda la actuación del gobierno de España en este tema, que ha sido precipitada, poco calculada y mal explicada. Sino porque creo que las huelgas en la universidad tienen rasgos peculiares. La tradicional huelga en la mina o en la fábrica busca parar la producción, perjudicando los intereses de la empresa. Los trabajadores que van a la huelga están dispuestos a sacrificar su salario para conseguir sus reivindicaciones. La huelga ha sido históricamente un arma fundamental para mejorar las condiciones de trabajo y luchar contra la explotación y la injusticia. Pero la huelga que vivimos ayer en la universidad es otra cosa. Seamos realistas, no se ha perjudicado ningún interés. No hemos parado la producción de titulados. Los alumnos no han perdido nada. Los profesores no vamos a ver descontado nuestro salario porque hasta donde yo conozco no ha habido ningún control acerca de quién ha hecho huelga y quien ha trabajado. Una huelga deja de serlo si se convierte en un día de vacaciones (pagadas).

Luego están las contradicciones. Se acusa al gobierno de subir brutalmente las tasas académicas, cuando lo que ha hecho es autorizar a las comunidades autónomas a hacerlo. Se le acusa de “privatizar” la universidad, de reservar la universidad para los ricos, de aplicar una medida “ideológica”. Los que afirman esto no tardarán en ver cómo es el gobierno de izquierdas de la Junta de Andalucía quien aplica la subida de las tasas académicas. Por cierto, es curioso ver a tantos entusiastas del plan Bolonia que se mesan los cabellos con la subida de las tasas, cuando Bolonia era y es, sobre todo, un plan de comercialización de la enseñanza universitaria. Ya lo dije, en este mismo blog, hace un año. ¿Dónde estaban entonces los que ahora protestan?

También se acusa al gobierno de bloquear el acceso a la investigación a los profesores que no tienen sexenios aumentándoles las tareas docentes, y se ignora que en la universidad hay profesores que no han investigado nunca y no han tenido el menor problema. En cuanto a los recortes al presupuesto de investigación, estos fueron drásticos ya con el gobierno anterior, y las únicas protestas que se escucharon entonces fueron las de los propios investigadores. Aquí quedó también recogido. Y está el recorte en las becas. Esto sí me parece intolerable. Las becas son la base del principio de igualdad de oportunidades, que junto al principio de igualdad de derechos debe ser lo más sagrado e intocable. Si hay que gastar menos, se gasta menos. Pero que nadie que pueda y quiera estudiar se quede sin hacerlo por falta de medios económicos.

La huelga deja una sensación triste. No se trata de que una huelga no solucione nada. A veces hay que hacer gestos que no sirven de nada. Hay que dejar constancia de la frustración. Pero se constata una realidad lamentable y oscura. Nuestra dificultad en asumir que somos un país empobrecido que tiene que pagar cuentas pendientes. Un gobierno con recursos limitados que embiste y dispara medidas sin discutirlas con las universidades y sin calcular las consecuencias. Unas universidades que han relajado su nivel de autoexigencia y en las que es posible para algunos enseñar sin hacer demasiado esfuerzo, no contribuir al avance del conocimiento y vegetar sin encontrar problemas. Y estudiantes que tendrán que abandonar por falta de recursos económicos. Vaya panorama.

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Acerca de desdemitonel

Biólogo, profesor en la Universidad de Málaga
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6 respuestas a Después de la huelga

  1. Andrés Tello Romero "Perchelero" dijo:

    En lo fundamental estoy de acuerdo contigo. Pero, siempre hay un pero, sería bueno que igual que sugieres, con razón, que las huelgas universitarias, donde no se pone en entredicho la producción real y con unos huelguistas a los que no les va a costar un céntimo de euro, no son realmente huelgas en el concepto de lucha de clases, sería bueno, digo, que sugirieras una alternativa ¿Cuál sería, a tu parecer, el medio adecuado para demostrar al gobierno de turno que no se está de acuerdo con la medida adoptada y ejercer la presión necesaria para modificar la intención o el comportamiento del mismo?

    • desdemitonel dijo:

      Gracias Perchelero, es muy difícil dar alternativas, porque el margen de maniobra es muy pequeño. Pero aquí va alguna idea:

      Primero, salvaguardar el principio de igualdad de oportunidades. No se puede aceptar que se reduzca la inversión (que no gasto) en becas. Esta debe ser la pancarta, y esto lo va a entender todo el mundo.
      Segundo, calcular realmente qué es lo que cuesta una carrera universitaria. No se pueden manejar porcentajes como se está haciendo sin conocer esta cifra. No me vale que se divida el presupuesto de la universidad entre el número de alumnos. A partir de ahí, tener muy clara la idea de copago. Lo que el estudiante no paga, lo pagamos entre todos con nuestros impuestos. Estamos de acuerdo en hacerlo, pero ¿tenemos que pagar igual al que se matricula por cuarta vez que al que lo hace por primera vez?
      Tercero, las universidades tienen que hacer autocrítica y plantear alternativas a las medidas del ministerio. La nuestra, y esto hay que reconocerlo, ya tenía una política de reducción de la docencia a los que acreditaban dedicación a la investigación. El problema es el contrario, el que no quiere investigar ni hacer más que lo mínimo. Las universidades deben dar un tratamiento adecuado a estos casos. La LRU nos define como PDI (personal docente e investigador). Hay que saber quién está cumpliendo y quien no.
      Y desde esa alternativa se puede y se debe hacer una crítica a las medidas del gobierno.

      Y en cuanto a las medidas de presión, creo más en las medidas de “expresión”. El gobierno da por descontadas las huelgas y las manifiestaciones. Ya forman parte del guión que interpreta cada uno. ¿Qué pasó con la huelga general por la reforma laboral? Nada. ¿Por qué fue la huelga general que le montaron a Zapatero? Ya ni nos acordamos. Pero todos los rectores, hablando todos los días, con una sola voz y sobre la base de que hay que hacer cambios (y no desde la base de qué excelentes que somos), pueden conseguir mucho más que un día de huelga, creo yo.

  2. desdemitonel dijo:

    Llegan noticias a través de los sindicatos de que la intención de la Junta de Andalucía en cuestión de subida de tasas es ir a la parte baja de la horquilla autorizada por el Ministerio y moderar por tanto la subida. Si se confirma, será una buena noticia para los estudiantes y será de justicia reconocer que se ha hecho lo correcto.

  3. María Dolores dijo:

    Me ha encantado la reflexión, porque todas esas sutilezas son difíciles de expresar. Estoy de acuerdo con todo. Lo que me ha sorprendido es que no se haya contabilizado quién ha trabajado. Un saludo.

    • desdemitonel dijo:

      Fíjate qué oportunidad perdida… Los sindicatos exigen que se descuente un día de sueldo a ese 98% que ha ido a la huelga y que esa cantidad (podemos estar hablando de 150-200.000 euros, vaya a un fondo de becas, 200 becas de matrícula gratuita. Yo hubiera sido el primero en ir a la huelga en esas condiciones. ¿Pero hubiera habido un 98% de huelguistas?

      • María Dolores dijo:

        No lo creo. En cualquier caso es fácil realizar un recuento de asistencia al puesto de trabajo con una hoja de firmas, el resto o justifica la falta o está de huelga.
        Lo del copago es muy interesante en este caso (y no tanto en el sistema sanitario, donde los enfermos no pueden elegir) para que se contemple el aprendizaje y la formación como un servicio recibido, y se valore (aunque no deje de ser un derecho). Muchas gracias.

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