¡No, gracias!

Hoy, en nuestra sección dedicada a los cínicos de todos los tiempos, llega el turno de un personaje que encarna como pocos la independencia, la libertad de pensamiento y de palabra que caracteriza al buen cínico. Cyrano de Bergerac, protagonista de la obra teatral de Edmond Rostand, está basado en una persona real, un escritor y filósofo francés del XVII que llevó una vida paralela a la que se describe en la obra de Rostand. Yo creo que el éxito arrollador que conoció en su momento Cyrano de Bergerac se debe, aparte del talento literario de Rostand, a que su protagonista de alguna manera representa ese ideal de libertad absoluta que se encuentra en el fondo de todos nosotros, y al que las circunstancias, cuando no las conveniencias, nos hacen renunciar. Voy a transcribir un pasaje no por conocido menos emocionante, en el que Cyrano responde a la insinuación de que siendo más “flexible” conseguirá fama y fortuna. Existen múltiples versiones del mismo, pero voy a utilizar la traducción que hicieron Vía, Martí y Tintorer en 1899 sobre el texto de la primera representación de la obra. Con esto intento animarles a leer la pieza completa, es un ejercicio de salud mental imprescindible. Sobre todo en los tiempos que corren, de pensamiento único, adulación al mediocre, sumisión a la ortodoxia y corrección política.

Lebret:
Si a reprimirse acertara
tu espíritu… mosquetero.
tuvieras gloria, dinero…

Cyrano:
¿Y a qué precio lo alcanzara?
¿De qué medios me valdría?
Di, ¿Buscando un protector
y medrando a su favor
cual la hiedra que a porfía
al firme tronco abrazando
lamiéndole la corteza,
suavizando su aspereza.
va poco a poco escalando
la copa? ¿yo así medrar?
¿Yo por astucia elevarme?
¿De mi ingenio no acordarme
ni con mi esfuerzo contar?
¡No gracias! ¿Con la pretensión
de que a su mesa me siente,
arrastrarme, cual serpiente
ante estúpido anfitrión.
y ejecutar contorsiones
con agilidad dorsal?
¡No, gracias! ¿Original
talento en sus producciones
suponer en un plagiario,
y adorar noche y mañana
el santo por la peana,
siempre pronto el incensario?
¡Gracias! ¿Que cual necio tema
si otro más necio se irrita?
¿Consagrarme a una visita
mejor que a hacer un poema?
¿O, tras mil y mil desgracias,
a sueldo hacer memoriales
u otros oficios triviales?
¡Muchas gracias! ¡Muchas gracias!

En cambio… ¡oh, dicha, vencer
gracias al propio heroismo,
fiando solo en ti mismo,
pudiendo siempre a placer
himnos de gloria entonar
o denuestos proferir,
soñar, despertar, sentir,
lo que es hermoso admirar;
tener firme la mirada,
la voz que robusta vibre
andar solo, pero libre,
ponerte, si ello te agrada,
el sombrero de través,
por un sí o un no batirte,
hacer versos o aburrirte,
ser arrogante o cortés
no escribir nunca, jamás,
nada que de ti no salga,
y, modesto en lo que valga,
pensar que otro vale más;
¡y contentarte por fin,
con flores, y hasta con hojas,
como en tu jardín las cojas
y no en otro jardín!…
En resumen: desdeñar
a la parásita hiedra,
ser fuerte como la piedra,
no pretender igualar
al roble por arte o dolo,
y, amante de tu trabajo,
quedarte un poco más bajo,
pero solo, siempre solo.

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Acerca de desdemitonel

Biólogo, profesor en la Universidad de Málaga
Esta entrada fue publicada en Cartas desde mi tonel, Galería de cínicos, Literatura y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a ¡No, gracias!

  1. santi4691 dijo:

    Para cuándo la siguiente entrada?

  2. Antonio dijo:

    Ya leí la obra y no tiene desperdicio.
    Saludos

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